EL VALOR DE LA INOCENCIA

inocensia101016Cuando era niño veía a Dios por todas partes. Veía a mi mamá y veía a Dios, veía una flor y veía a Dios, veía a mis amigos jugar y veía a Dios, veía un río de montaña rebotar  de una roca a otra y veía a Dios, me percibía a mí mismo y percibía a Dios… Obviamente no sabía que se trataba de Dios. Este concepto todavía no había sido inculcado en mí. Veía las cosas con inocencia, sin ideas… podía percibir la realidad en su pureza, sin interpretaciones, sin puntos de vista. La búsqueda de Dios era simplemente un concepto absurdo. ¿Qué significa buscar a Dios? ¿No ves que está por todas partes? La pregunta correcta no es: “¿Dónde está Dios?”. Sino: “¿Dónde no está?”. Podía simplemente  jugar en el jardín y sentirme en éxtasis, mirar las estrellas y sentirme en éxtasis, escuchar a mi abuela cantando y sentirme en éxtasis.


Después empezaron a educarme, a enseñarme la “verdad”; y así empecé a formarme ideas bien precisas de lo que era correcto y de lo que no lo era, lo que era bueno y lo que no lo era, lo que era propio sentir y lo que no era propiamente propio… así empecé a hacerme una idea de Dios: un señor viejo, viejo, viejo… más viejo que el tiempo (porque es Él quien ha creado el tiempo) pero con el aspecto de un viejo que se ve bien, que se mantiene en buena forma… sí, como uno que come sano y hace deporte. Tiene una barba larga, larga y blanca como la de Santa Claus, y vive en el cielo suavemente acomodado sobre una nube. De buen carácter, pero un poco celoso (se pone furioso si sólo hablas con otro Dios), muy poderoso… o mejor dicho todopoderoso… el único defecto que no podía perdonarle era la indiscreción; en el  momento que me dijeron que me controlaba también cuando estaba en el baño.

 

Hasta cuando no había entrado en mi ésta idea de Dios, podía verlo por todas partes, pero después que fui “educado”, mis ojos no vieron más la poesía del mar que extiende la ola para acariciar la tierra, del sol que se esconde detrás de la montaña colorado de emoción por pasar la noche con su novia la Luna, de las nubes que bailan en el cielo dirigidas por el coreógrafo viento…no, mis ojos desde ese entonces se dedicaron sólo a la búsqueda de este bendito señor con la barba blanca.

 

Cuando entra una idea en la cabeza empieza la búsqueda. Cuando entra una idea sales de la gracia de Dios. Es simbólico que en la historia de Eva y Adán, los dos son corridos del jardín del Edén cuando comen el fruto del árbol del conocimiento. En esta bellísima metáfora según mi sentir, Dios no está enojado porque Adán y Eva desobedecieron. No hay padre que pueda ser tan cruel con sus hijos de no perdonar un claro signo de inteligencia como la desobediencia. No, nuestros míticos progenitores, perdieron el jardín del Edén cuando perdieron la inocencia. Cuando perdieron la capacidad de ver las cosas así como son, sin interpretarlas en función de un conocimiento, de una filosofía, de un sistema de pensamiento, de una religión.

 

Las ideas, las filosofías y los conceptos son un enorme obstáculo al encuentro con Dios. ¡Si para conocer verdaderamente a cualquier ser humano es necesario acercarte sin prejuicios, podrías imaginar con Dios! Si tienes una idea preconcebida de Dios, corres el riesgo de terminar buscándolo entre los que los que tienen la barba blanca. Y esto es peligroso porque tus irresistibles ganas de encontrarlo te pueden exponer a la ridícula situación de reconocerlo en un Santa Claus de un centro comercial y hacerlo tú Gurú. Hay unos que han empezado a disfrazarse de Gurú para divertirse un poco, y al final han descubierto un buen negocio. Es una paradoja, pero así sucede: es la inocencia que te hace inteligente, el conocimiento, al contrario, te hace ingenuo. Es muy fácil manipular alguien que cree en algo. Si por ejemplo tu crees en los fantasmas, es suficiente provocar unos ruidos en tu casa para meterte un susto. Si tu no crees en nada, cuando sientes una ruido tratas de entender de qué se trata.

 

A Dios lo encuentras cuando tienes la capacidad de ver las cosas así como son, porque Dios esta escondido en la simplicidad de cada cosa. No hay forma de encontrar a Dios, si tienes una idea tomada en préstamo de los demás. Dios y los conocimientos, Dios y las filosofías, Dios y la religiones son incompatibles.

 

Dayal.

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