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EL LUJO DE SER JOVENES

(Extracto de la “Autobiografía de un Pinche Güey”)

Si los hindúes tienen razón, ¡quien sabe qué terrible crimen habrán cometido mis padres en sus vidas pasadas para merecer a un hijo como yo! Me divertía torturándolos. Iba descalzo por la ciudad, vestido como un pordiosero, con un comportamiento claramente antisocial y haciendo todo lo contrario a lo que ellos habrían querido que hiciera. No sé por qué me empeñé tanto en hacerlos infelices. Tal vez quería castigar su miedo, sus obsesivas preocupaciones, el ansia o la miopía con que trataban que adaptara mi vida a su lógica. Tal vez quería castigar su falta de fantasía para concebir un mundo diferente al que conocían, o la cobardía que la incapacidad de soñar le da a los viejos de cualquier edad. Quizá ellos, al final, probablemente nunca habían sido jóvenes, pobrecitos. La juventud es un lujo burgués inaccesible para quienes están obligados a luchar para sobrevivir; la juventud es un privilegio de quien está dotado por la inconsciencia y el egoísmo necesarios para arriesgar la propia vida y la de los demás por ideales extravagantes… Pero ellos eran demasiado buenos o carentes de fantasía para hacerlo. No obstante, y precisamente por esto, ahora me encuentro agradeciéndoles las mismas cosas que les critiqué en mi juventud. Puedo decir, como muchos de mi generación, que me nutrí de su “normalidad” para tratar de pegar un salto hacia lo extraordinario. Al final, toda mi generación ha vampirizado con cinismo a la precedente para poder impulsar ese proceso que trasciende la historia de los individuos en beneficio de un cuadro más grande que se llama “evolución humana”.