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LA BUDA MADRE

Mitad santa y la otra mitad lista para ser nombrada por todo lo que es desagradable, inconveniente, o de poco valor: “me vale madre”, “huele a madre”, “me tienes hasta la madre”, “quita esta madre”… o “que poca madre” y “no tiene madre” y para indicar algo bueno, como si no tener madre es lo mejor.
Raro destino el de la madre. Todos amamos nuestra madre pero nadie como ella nos puede sacar de nuestras casillas. Es una larga historia que continuamente verifico en mis talleres. Puedes perdonar a tu padre por haberte maltratado durante tu niñez, pero cuando recuerdas o descubres que tu mamá te ha mentido, traicionado o manipulado te dan ganas de “matarla”. La herida es tan grande y profunda que se esconde en el inconsciente, cubierta y adornada con toda la retórica que hay alrededor de ella. Por lo tanto, a pesar que “pobre de quién me toque a mi mamá”, hay casos en que es suficiente escuchar su voz al teléfono para volverse insufrible.

Esto es comprensible, porque la madre, no solo es la que da la vida, sino la que la cuida y la protege a costa de su vida. Esto pasa en todo el mundo animal. Los machos, en la mayoría de la especies tienen un papel menor o hasta completamente ausente, o incluso son un peligro para las crías, pero no hay registros de hembras que maltraten sus crías. La única que es capaz de hacer esto es la hembra de ser humano: ella es la única capaz de abandonar, usar, engañar, amenazar, chantajear o incluso golpear sus hijos.
Sabemos que la humanidad es neurótica en su generalidad, y las mujeres no están exentas de este turbamiento que nos hace comportar de forma antinatural y a menudo absurda.
A pesar de sus mejores intenciones y de los esfuerzos que han hecho para hacer las cosas bien, no hay madre que, en un momento de honestidad y consciencia, no pueda evitar avergonzarse por cómo ha tratado a sus hijos en tantas ocasiones.

Sin embargo también a los hijos se les tiene que decir algo, porque si es verdad que cualquier niño, al menos teóricamente, tiene el derecho a tener una mamá perfecta, cuando somos adultos podemos entender que la pobre mujer es lo que es y lo que ha sido ha sido. Pero nosotros, como niños con pelos que pesan entre los cincuenta y cien kilos, en la mayoría de los casos continuamos reclamando a nuestra madre que ella no es como nos guastaría a nosotros y continuamos hasta el último día torturando y vengándonos inconscientemente por algo que sucedió hace veinte, treinta o cincuenta años.
Prácticamente la historia entre madres e hijos se puede resumir de esta manera: antes ella te maltrataba a ti porque no eras como a ella le hubiera gustado y después, por el restante de la vida, tú la torturas a ella porque no es como a ti te gustaría. ¿Puedes imaginar algo menos inteligente que esto?
Un criterio para saber en que medida te has quedado infantil es preguntarse: ¿cuánto puedo aceptar a mi mamá por lo que es sin maltratarla, faltarle de respeto, hacerla sentir equivocada… o tenerle todavía miedo o mentirle y hacer las cosas a escondidas?

Este 10 de mayo mi deseo es que no tomen tan en serio ni este icono ficticio de la “madre”, ni este oculto resentimiento que te hace tratarla “sin madre”. Quitémonos de encima estos papeles tóxicos de “madres-hijos” y gocemos al menos por un día a esta señora con sus virtudes y sus defectos. Abracémonos, besémonos, riámonos a carcajadas y festejemos la “Buda Madre”.