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LA SELFIE

La palabra selfie ha nacido hace solo unos años con el advenimiento de los smartphones. Antes se llamaba autorretrato. Como la selfie tenía el propósito de dejar al futuro un recuerdo del pasado. Lo que pasa con el “autorretrato moderno”, sin embargo es que en el intento de dejar un recuerdo a las generaciones futuras se ha agregado un deseo hipertrófico de exponerse al prójimo, y obviamente exponer la parte de ti que te gusta y que los demás piensen que eres tú. En otros términos: exponer al mundo una fiction de ti mismo.

Esto lo quieres hacer con tu cara esta perfectamente bien, pero cuádo quieres involucrar la cara del otro la cosa se complica.

En el video que he publicado un elefante regala una “bonita” sorpresa a una turista que quería fotografiarlo. El elefante no es tan diplomático, es directo. No es un político que necesita caerte bien para ganarse el consenso y no está dispuesto a humillarse para complacerte (se sabe que los elefantes tienen más dignidad de los políticos)… Al pinche elefante le vale madres tu selfie. Si no tiene ganas de dejarse fotografiar te da un madrazo, te quita de su horizonte y ya.

El deseo de inmortalizar en la memoria un momento presente es muy humano. No hay nada que decir; pero desde el punto de vista de un meditador, o de un místico, este deseo es un reflejo de la ilusión que el tiempo existe y se presente como un fenómeno temporal que une un momento al otro. Un místico sabe que todo lo que existe es este momento presente. Nada más que este momento presente en su gloria y en su fragilidad.

Por lo tanto – dando por sentado que no hay nada de malo en fotografiar o dejarse fotografiar – podemos elegir cuanto tiempo dedicar a la ilusión de inmortalizar algo de lo cual somos testigos y cuanto tiempo queremos dedicar a dejar que la belleza de este momento presente nos penetre en el profundo del alma. Si estás en frente de los ojos de tu amado o de tu amada la decisión está en tus manos: amarl@ con la intensidad de tu pasión, esculpiendo esta imagen en los registros misteriosos de la existencia, o agarrar tu celular y sacarse un selfie para recordar, en un futuro, este mágico momento en el cual habrías podido amarlo o amarla.

Otra cosa es el arte de la fotografía, pero de esto hablaremos algún otro día.