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Los dientes de la vida

La vida mastica todo, digiere y trasmuta. Ha pasado un mes del terremoto y veo la ciudad regresar a lo que era antes, empujada por la exigencia de la sociedad de regresar lo mas pronto posible a la “normalidad”. Despacito el recuerdo de los cientos que han quedado aplastados bajo los escombros de su casa o de su oficina, o de los que han esperado lentamente la muerte en la espera de un rescate que ha llegado demasiado tarde, se está empañando y pronto desaparecerá incluso en la memoria de los que los conocieron, hasta dar la impresión que nunca existieron. La vida es siempre mas cruel que la muerte.

Lejos de mi, la idea que no es justo o de quejarme mirando al cielo en el intento de entender “por qué”, no me hecho para atrás en ser testigo de lo despiadada que es la vida con los sueños y las expectativas humanas. Los hermanos que fallecieron fueron, como cada uno de nosotros, hombres y mujeres que deseaban vivir, que tenían programas y luchaban en la esperanza de ser felices un movimiento de la tierra y en pocos instantes todo esto se vuelve nada. Y ¿qué decir de los niños? No tuvieron ni siquiera el tiempo de empezar a soñar.

Hoy, a un mes de la tragedia quiero mandar mi pensamiento a mis hermanos mexicanos muertos el 19 de septiembre, agradecido por recordarme que no tiene ningún sentido soñar en ser feliz en un futuro. Para ustedes seré feliz ahora. Con los ojos llenos de lagrimas, pero feliz ahora.