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MEDITACIÓN Y REVOLUCIÓN

El dolor está determinado por el egoísmo y la avidez humana, y ninguna revolución ha sido capaz de derrotarlos.

La lógica de la mente es la de identificar un problema, pelear contra el y derrotarlo. Si hay una clase dominante que abusa de una masa inerme, aprovechándose de la ignorancia y falta de poder y la lógica sería: empuñar las armas y rebelarnos. Cueste lo que cueste. A costa de verter sangre y mezclar la de nuestros hermanos con la de nuestros enemigos. “Mejor morir de pie que vivir arrodillado” … Bellísimas palabras. ¿Pero cómo han acabado las revoluciones a lo largo de la historia?

El problema es que se ha mirado siempre al síntoma y no a la causa del problema. Lo que crea la injusticia es algo escondido dentro de cada ser humano; no solo adentro de los que dominan, sino también de los que son dominados. Por lo tanto, es inevitable que los que ayer sufrían del egoísmo y la avidez ajena, mañana – o a lo mejor el día después mañana – serán los que ejercerán el poder sobre los demás con la misma astucia y la misma crueldad.

Sin embargo, no podemos negar que las revoluciones empujan de forma insustituible a un cambio que, con la sabiduría de la experiencia, de cualquier forma, se revela fundamental para la evolución de la estructura social y, por lo tanto, de la evolución humana en general. Es gracias a pequeñas y grandes revoluciones que se ha pasado de un sistema de castas a un sistema igualitario, de la esclavitud a la libertad, de la dictadura a la democracia… Sin embargo…

Es evidente que la verdadera revolución no es un fenómeno que se cumple al exterior del ser humano. Por paradoja citaré a un revolucionario, Ernesto “Che” Guevara: “La verdadera revolución tenemos que hacerla dentro de nosotros”. Raro que un revolucionario con las manos sucias de sangre dijera esto, pero no podemos negar, que también era un revolucionario, un espíritu autocrítico y con un auténtico anhelo hacia la transformación, no solo social, sino humana.

Yo también he sido un revolucionario. Aun sí nunca he pensado en tomar armas, o que esto habría podido cambiar el mundo, sabía que algo tenía que ser hecho. Siento que no me puedo ir a dormir en la noche sin haber contribuido, al menos con un granito de arena, a la creación de un mundo mejor. Y por muchos años mis noches han sido habitadas por pesadillas que no me permitían ser feliz durante el día. ¿Cómo puedo ser feliz ignorando el dolor humano que me rodea, el dolor humano que alberga en lo más profundo de mi ser?

Después he encontrado la meditación y mi revolución ha iniciado. Cada día, al interior de mí,  disparo cañonazos contra mi inconsciencia. Cada día a través de mis ojos mando una invitación a todos los que están buscando la revolución.

Mi casa esta abierta y hay mucho espacio.