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TOTALIDAD

El mundo animal concibe solo una modalidad: TOTAL. No existe “tibio”, “a medias”, “flojo”… porque está siempre en juego la supervivencia: vida o muerte. Como seres humanos, en cierta medida, fuimos capaces de asegurarnos la supervivencia. El precio de esto, sin embargo, es el aburrimiento. De hecho, entre más rica es la gente y no tiene que luchar para sobrevivir, más se aburre.

Mi fortuna, como describo en la Autobiografía de un Pinche Guey, ha sido renunciar desde temprano a la seguridad de la familia de la pequeña burguesía en la cual había nacido, y luchar para sobrevivir. El nido acogedor del hogar me resultaba intolerable: para sentirme vivo tenía que retar el calor, el frío, el peligro, la falta de dinero o de refugio… arriesgarme a la muerte… En generaciones pasadas, los jóvenes, para sentirse vivos, desearon ir a la guerra. Cualquier cosa se vale para huir del aburrimiento de una vida “mediocre”.

Este es el mismo mecanismo que nos lleva a sentir una perversa admiración por los criminales o los artistas. ¿Qué cosa es la que nos lleva a elegir estos extremos? El hambre de intensidad, el hambre de Totalidad.

Puedes ser tibio trabajando en un Banco, pero no puedes ser tibio asaltándolo. Es por esto que miles de personas trabajan en él. Jesse James, el bandido, es quien ha pasado a la Historia, y su personaje inmortalizado en varias películas y cuentos. Ha hecho soñar jóvenes y enamorar mujeres con la fantasía. ¿Qué pasó? ¿Por qué tendríamos que enamorarnos de un criminal? ¿Estamos locos? No, no estamos locos y no es del criminal de quien nos enamoramos, sino de su intensidad. Sentimos esta rara atracción por su capacidad de meterse totalmente en el juego. Por lo que se refiere a los artistas sucede lo mismo: podemos admirar una bonita voz o una habilidad particular, pero lo que nos enamora es la Totalidad. Y viendo sus vidas exitosas, o incluso trágicas, los envidiamos sintiendo nuestras vidas como pobres comparada con la de estos grandes artistas o criminales o héroes de la revolución, pensando que nosotros somos un poco inferiores, que no tenemos esas habilidades o que no tuvimos suerte; mientras que la única cosa que nos diferencia de ellos, no son dones particulares o la fortuna, sino una actitud: la Totalidad. No todos pueden ser Mick Jager, Baryshnikof o Frida Kahlo, pero todos pueden ser totales como ellos en lo que hacen.

La Totalidad es la cualidad que te hace trascender el tiempo y convierte cada momento en eternidad. Si actúas en función de lo que sucede después, si calculas, entras en la dimensión del tiempo: habrá un mañana que recogerá los frutos del ayer. En cambio, cuando eres total, tu vida se quema en un momento, como si lo que está pasando afuera es la única y última cosa que existe. Esta es la impresión que te da un Martin Luther King que habla, una Tina Turner que canta o un Jimmy Hendrix que toca la guitarra; ésto es lo que te conquista: su capacidad de consumir todo en este momento.
Sin conocer esta condición – la de la Totalidad – la vida es aburrimiento, te parece que estás viviendo en vano. ¿Para qué?… Al contrario, cuando te metes completamente en el juego, entras en la dimensión mágica de la existencia, descubres el truco del chamán, entiendes las palabras del sabio, intuyes el misterio de la vida.

Afortunadamente para nosotros, la Totalidad está al alcance de todos. Es sólo una cuestión de agallas. Y todos tienen agallas. Nos han tratado de cortarnos los huevos, pero nadie carece completamente de agallas. Puede ser que te hicieron miedoso e inseguro, pero mira bien dentro de ti mismo, y sin falta encontrarás este fuego que te permite amar totalmente, crear totalmente, jugar totalmente y arriesgarte a ser totalmente confiado en la vida, totalmente empático con los demás, totalmente generoso… totalmente feliz.