/UN DIOS HERMAFRODITA

UN DIOS HERMAFRODITA

Es común ser parte o víctima de la polémica que procura el uso del género masculino en el lenguaje. Una querida amiga me hizo notar que mi taller “La Sanación del Niño Interior” con su título discriminaba a las niñas, y estaba en conflicto con una política correcta internacionalmente aceptada.

Efectivamente, la observación es técnicamente correcta. Usar el género masculino para ambos sexos es algo viejo y machista. Pero invito a todos a observar el asunto desde un ángulo diferente.

La primera observación es que resulta un poco incómodo que cada vez que quieres mencionar un grupo mixto debes decir “niños… y niñas”, “jovencitos… y jovencitas” o “la historia del hombre… y de la mujer”, cuando estamos acostumbrados a saber que la historia del hombre incluye, obviamente, también a las mujeres. Además, daría muchísima flojera adoptar esta misma “política correcta internacionalmente aceptada”, cuando usamos los adjetivos, obligándonos a decir todas las veces que nos referimos a un grupo mixto: “Estamos muy contentos… y contentas de…”, “ustedes son muy rápidos… y rápidas…” o “¿están cómodos… y cómodas?” etc.

¡Y no sólo esto! Si aceptamos este criterio ¿qué haríamos al hablar de los animales? Mencionando a los perros en general, por ejemplo, para que las perras no se ofendan, se tendría que decir “los perros… y las perras ladran”, y lo mismo para los pájaros: “los pájaros… y las pájaras vuelan”; y seguramente alguien (de género femenino, obviamente) se ofendería si a un niño se le enseñara simplemente que “el caballo relincha”, porque la forma políticamente correcta/correcto a nivel internacional sería “el caballo… y la yegua relinchan”; ciertamente no se le debería enseñar que “el gato maúlla” sino que “el gato… y la gata maúllan”, “el cerdo… y la cerda gruñen”, “el lobo… y la loba aúllan”… Un poco de hueva ¿verdad?

Sin hablar de que entre los varones también hay personas susceptibles. Por lo tanto, un “jirafo”, por ejemplo, podría reclamar que para referirse a un grupo mixto de jirafas se dijera “las jirafas… y los jirafos”; y si tu casa está infestada por las cucarachas, para ser políticamente correcto/correcta desde el punto de vista internacional, tendrías que decir: “Estoy hasta la madre de estas pinches cucarachas… y de estos pinches cucarachos”.

¿Y qué decir de la palabra “Dios”? Todas las mujeres de todo el mundo tendrían que sentirse justamente ofendidas ante la expresión “Dios es misericordioso”. ¿Acaso Dios es de sexo masculino? ¡Ésta sí sería una grave discriminación para las mujeres!… Pero lo sería también para los hombres si se empezara a decir “Dios es misericordiosa”, como si fuera mujer. Probablemente para expresarse de forma políticamente correcta desde el punto internacional, se tendría que aceptar la idea de un Dios hermafrodita.

¿Y los transgénero? ¿Qué hacemos con ellos? ¿queremos discriminarlos? ¡Claro que no! no sería políticamente correcto. Por lo tanto, Diosito, aparte de aceptar que es un ser hermafrodita, también tendría que aceptar que es gay… o mejor, doblemente gay, porque siendo tanto hombre como mujer, sería homosexual y lesbiana al mismo tiempo.

Pero desde este punto entraría el problema de la raza. ¿Por qué cuando pensamos en Dios, pensamos siempre en un hombre de piel blanca? ¿Y sí Dios fuera una mujer de piel negra? Entonces, todos los hombres blancos se sublevarían. Por lo tanto, para ser políticamente correctos desde el punto de vista internacional, el pobre Diosito se vería obligado a aceptar no sólo que es un hermafrodita gay, sino también dejarse pintar medio blanco y medio negro… y con los ojos rasgados.

Y hasta aquí Diosito, que es un tipo muy paciente, lo puede aguantar. Pero cuando intervienen los animalistas, las cosas empiezan a complicarse demasiado incluso para Él. Porque, efectivamente, para un animalista surgiría la pregunta: ¿Por qué una forma humana? ¿No son también los animales parte de Dios? Por lo tanto, para ser políticamente correctos desde el punto de vista internacional, no sólo el Pobre Diosito tendría que aceptar volverse un hermafrodita gay con ojos rasgados medio blanco y medio negro, sino que, sin protestar, tendría que dejarse agregar plumas, garras, pezuñas, cola, alas, antenas y bonita melena… ¿o, mejor, cresta de gallo?

Este problema de los géneros en el lenguaje, aún si teóricamente es correcto, en la práctica se puede volver un asunto bien ridículo… aparte que de hueva. Pero ésta es solo una opinión mía.

Personalmente no sé como resolver el problema. ¿Ustedes qué opinan? ¿Repetimos todas las palabras en su género opuesto? ¿O usamos la @? ¿y cómo se pronuncia la @?