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CONFLICTOS CREATIVOS PARA UN MUNDO EN PAZ

CONFLICTOS CREATIVOS PARA UN MUNDO EN PAZ

Para “buscadores de la Verdad” de todo tipo.
Muchas veces la gente llega a un lugar de desarrollo de la consciencia pensando que ya va
a encontrar realizado el mundo que le gustaría. Esta obviamente es una pía ilusión. Los
centros de desarrollo de la consciencia, como el que dirijo, son laboratorios donde
intentamos llevar en nuestras actividades cotidianas la consciencia que desarrollamos a
través de las técnicas que practicamos y enseñamos.
De hecho el reto más grande es el de trabajar en equipo. ¡Fácil retar al propio ego a ojos
cerrados mirándose el ombligo! Mucho más difícil tragarse el propio orgullo en enfrentar
los pequeños conflictos que inevitablemente se crean en un ambiente de trabajo. Es por
esto que no termino de felicitar a mis asistentes y colaboradores por el heroísmo con el
cual aceptan este reto cotidiano.
No hay nada grave en tener conflictos. Somos seres humanos en un camino de
crecimiento, es inevitable que cada rato nuestro comportamiento se vuelva inconsciente
provocando fricciones: hay quien la provoca con actitudes violentas y extrovertidas, y
otros que lo hacen de forma igualmente violentas pero introvertidas; hay quien hiere al

otro hablándole fuerte, y quién lo hace hablando a sus espaldas… Esto pasa en todos los
ambientes laborales, sociales y familiares. No nos podemos esperar nada mejor de una
humanidad inconsciente como la de la cual somos parte. Por lo tanto no es tan raro que
esto suceda también en un centro de desarrollo de la consciencia o entre buscadores en
general: somos humanos en un proceso de crecimiento. No hay nada de escandaloso en
darse cuenta que tu comportamiento, y el del otro, sea todavía contaminado por la
antigua agresividad o por el gusto de someter al otro; no hay nada tan terrible en
descubrir en ti mismo o en el otro la actitud mezquina de manipular a los demás para
conquistarse una posición de poder; no hay nada de tan grave en descubrir en ti mismo y
en el otro la misma susceptibilidad de un niño de primaria o de una mujer de rancho.
Todas estas cosas no pertenecen a nuestro ser sino a nuestra vieja personalidad, que es
destinada a deshacerse a la luz de la consciencia que, día después día, regala la
meditación. Tenemos solo que tener un poco de paciencia. Es inevitable que viejos
hábitos y viejas costumbres condicionen nuestra forma de relacionarnos con los demás
creando en los ambientes de trabajo (así como en las familias, o entre comunidades) las
mismas condiciones que en el mundo determinan estos continuos conflictos que
generalmente se traducen en dolorosos divorcios, peleas, violencia, odios seculares y
hasta guerras. No es tan grave que en un proceso de crecimiento nuestro
comportamiento, en lugar de ser determinado por la compasión, el amor, la confianza, la
paciencia y la aceptación del otro, sea todavía guiado por el ego, el orgullo, la vanidad, el
resentimiento, el miedo, la desconfianza, la avidez, el afán de poder, y de toda las cosas
que transforman un arcángel en un Lucifer. Somos humanos y estamos aprendiendo…
Pero…
Pero lo que, al contrario, para todos los que se jactan de ser “buscadores” es im-per-do-
na-ble, es rendirse a ser un Lucifer aún aspirando, o fingiendo, de ser un arcángel; lo
imperdonable es rendirse a contaminar un ambiente de trabajo o familiar con las mismas
actitudes enfermas que envenenan el mundo que quisiéramos cambiar. Si tener
diferencias, pelearse o hasta agarrarse por el chongo es inevitable por personas
normalmente inconscientes, desde el punto de vista del buscador es imperdonable no
utilizar cualquier conflicto como oportunidad para crecer individualmente, afianzar el
amor y la amistad entre las partes, y cultivar en lo concreto la creación del mundo en el
cual a todos nos gustaría vivir.
Todos somos inteligentes, todos; pero mirando nuestras acciones, muchas veces nos
encontramos a preguntarnos: “¿Qué pedo conmigo? ¿Por qué, a pesar de ser inteligente,
me porto como un pendejo?”. Una persona inteligente puede portarse de forma
inteligente o portarse como un cretino. Depende.

Si te dejas manejar por tus patrones inconscientes, de la forma en la cual estás
acostumbrado y has aprendido a comportarte, seguramente significa que tu inteligencia
se fue de vacacione y te has unido a las trágicas tropas de los que hacen feo este mundo
que criticas. Si al contrario te das cuenta de lo tú haces a los demás (y no sólo de lo que los
demás te hacen a ti) y te percatas de en qué forma tu contribuyes a la creación de los
conflictos que envenenan tu vida (y no solo de las fallas de los demás), tienes otra vez la
posibilidad de imprimir a tu comportamiento los rasgos de la inteligencia: rompes la
membresía de pertenencia al club de los cretinos y conquista otra vez el derecho a criticar
el mundo que no te gusta… y, más que todo, eres un ejemplo viviente de la posibilidad de
crear una humanidad mas madura.
Por lo que se refiere a la comunicación y al manejo de los conflictos, se pueden hacer unas
sencillas distinciones entre un comportamiento inteligente y un comportamiento infantil
(o cretino).
1) – La persona infantil pone su energía tratando de demostrar a los demás sus razones y
es sordo a las razones del otro (cuando dos cretinos entran en conflicto, se sabe, la guerra
es asegurada).
La persona inteligente, al contrario, trata de entender las razones del otro. Esta es la
fórmula para la paz. Entender las razones del otro te enriquece, en cuanto tus razones ya
las conoces, las razones del otro no; por lo tanto constituyen un enriquecimiento que
nutre tu inteligencia, estimula tu proceso de crecimiento y, en términos mas generales,
empuja por adelante la evolución humana. La persona inteligente nunca trata de tener la
razón, sino trata de entender al otro.
2) – La persona infantil (o cretino) se ofende por el comportamiento del otro: como un
niño de la primaria corta con el amiguito que le habló fuerte o lo criticó, le da la espalda y
busca entre los demás los aliados que lo sostengan es su guerra personal; el otro
contendiente, si él también es infantil, hará la misma cosa. La guerra otra vez estará a la
vuelta de la esquina.
La persona inteligente, al contrario, si alguien le habla fuerte o tiene un comportamiento
hiriente, hará al agresor una simple pregunta: “disculpa, ¿qué te hice para merecer este
trato? Si hice algo lo siento, porque no era mi intención ofenderte y provocar tu reacción”.
Esta es la fórmula del amor. De esta forma se tiene la posibilidad de una clarificación:
puede ser que se trate de un malentendido, o que las dos partes se den cuenta del propio
comportamiento inconsciente, violento o conflictivo (cada uno del suyo, y no del otro).
3) – La persona infantil, cuando tiene un conflicto con alguien, empieza a hablar mal del
otro: lo critica a sus espaldas, lo descredita a los ojos de los demás exagerando o hasta
inventando cosas, “chismea”… Estos son todos comportamientos violentos y criminales. A

veces un chisme puede herir más que un puñetazo. Hay gente que se ha suicidado a causa
de un chisme. Hablar mal a las espalda de los demás es un crimen odioso muy común, tan
común que nadie se escandaliza. Desde mi punto de vista, mejor alguien que me agarra a
madrazos, que alguien que habla a mis espalda y chismea: al menos el primero muestra
un poco de valor o dignidad, el segundo es simplemente un cobarde. Aquí también
podemos ver como un actitud infantil es el cultivo de la guerra.
La persona inteligente al contrario, cuando tiene un conflicto con alguien va a hablar
directamente con el otro, y no para tener la razón, ¡cuidado! No para descargar sus juicios
sobre el otro, ¡cuidado! ¡No para descargar su frustración!… Sino, como ya dijimos, para
entender sus razones con el firme propósito de volverse más amigos, y quitar cada
obstáculo que impida la realización de un sentimiento de hermandad. Esta, una vez mas,
es la actitud que lleva paz en el mundo.
Se podría continuar a enlistar otras diferencias entre comportamientos inteligentes e
infantiles, pero en este punto pienso que es más importante preguntarse: ¿qué significa
ser un buscador, qué significa ser parte de un proceso de desarrollo de la consciencia?
Es obvio que para alguien que ha decidido dedicar su vida a la “búsqueda de la verdad”, el
conflicto no es una opción. O eres capaz de resolver un conflicto de forma creativa, como
oportunidad de crecimiento personal, y usarlo para profundizar el sentimiento de amor y
complicidad, o no puedes evitar darte cuenta que te estás engañando a ti mismo y a los
demás.
Como dije antes, no hay nada de malo en que haya conflictos, como pasa en todos los
comunes mortales, pero si tú te jactas de ser un buscador y después lidias con los
conflictos de la misma forma que lo hace cualquier pendejo, ¿cuál es la diferencia entre tú
y él? Si renuncias a intentar lidiar con los conflictos del día día en manera madura,
consciente y creativa, rindiéndote a los consuetos comportamientos infantiles, en lugar de
vestir la elegante capa del “buscador”, terminará llenando los mediocres zapatos de un
chaquetero que se entretiene fingiendo ser mas chingón de los demás.
En la comuna de Osho donde he vivido por años, el primer paso para el despertar de la
consciencia era la terapia; la segunda herramienta era la meditación; y la tercera, la más
ardua y más poderosa, era trabajar en la comuna. No sirve de nada meditar, practicar
yoga o lo que sea, si no aprendes a cacharte cuando en la vida de todos los días tu
comportamiento es el resultado de tus patrones inconscientes que generan fealdad a tu
alrededor.

Si eres un verdadero “buscador de la verdad” el reto será tremendo. Tu ego se retorcerá
como babosa bajo el efecto del limón; será muy difícil evitar agredir al otro, ofenderlo,
tratar de herirlo aún si de forma solapada, y resistir a la tentación de alejarte
abandonando otra vez lo que amas y por lo cual has luchado, reproduciendo en tu vida los
resultados doloroso y miserables que una actitud infantil siempre provoca. Tratar de
entender las razones del otro en lugar del reclamar las tuyas te costará un huevo; será
muy difícil perder la costumbre de condenar al otro, echarle la culpa de tu miseria y
dañarlo con tu juicio… pero, como buscador, no tienes otra opción: o aceptas el reto, o
simplemente tienes que declarar fracaso. Mejor no engañarse. O aceptas el reto, o
regresarás en la hilera de los que simplemente esperan la muerte envueltos por el humo
gris de su ignorancia.
Si el sueño de cada buscador es la paz, no pierdas la ocasión de realizarlo de inmediato:
agarra tu orgullo, dóblalo, pásatelo por el arco del triunfo y ve con la persona con la cual
tienes un conflicto y habla. Hazlo de inmediato. Habla con el corazón; no con el intento de
tener la razón, sino con el deseo de entender al otro. Se gentil en hacerlo, usa las palabras
que usarías para despertar a tu amado después de una noche de amor. Háblale, trata de
entender. Háblale con la firme determinación de lograr disolver el conflicto y
transformarlo en una oportunidad para crear amor, armonía, paz, compasión, alegría y
creatividad. No importa si se necesitará una hora de tu tiempo, o un día, o un mes, o un
año o toda la vida. Tu simple inquebrantable propósito te transformará.