/UNA CERVEZA… O AL MENOS UN CAFÉ

UNA CERVEZA… O AL MENOS UN CAFÉ

Gente que se tendría que encontrar

DOS PASOS PARA ENCONTRAR LA FELICIDAD

Por Salvador Alva, Presidente del Tecnológico de Monterrey

(Artículo publicado por Milenio, el 22.4.2020)

Estos días en los que la vida nos puso en una pausa, representan una gran oportunidad
para reflexionar. No ha sido sencillo renunciar a la vida habitual, entre otras cosas, porque
la dinámica diaria se ha convertido en un reto continuo para mantener la templanza. La
incertidumbre sobre el futuro por momentos paraliza. Esto es normal, porque nos hemos
contagiado de algo mucho más peligroso que el covid-19. Nos hemos contagiado de miedo,
una emoción que tiene una enorme carga de energía negativa.

La pandemia llegó en un momento en el que concentramos gran parte de nuestra energía
en buscar el sentido de la vida a través de la acumulación de bienes materiales,
olvidándonos de nuestros valores; hablamos mucho, pero tenemos poco tiempo para amar;
gastamos más y disfrutamos menos. Y de pronto, en estos momentos de contingencia,
vemos la fragilidad de la vida humana, en específico, de esa vida humana que se centra en
lo efímero. La gran noticia es que, para combatir el miedo, tenemos antídotos muy
poderosos, y quiero compartir dos de ellos. El primero es reinventarse para ser único y
diferente.

Desafortunadamente, es natural que nos enfoquemos en los problemas y no en las
oportunidades que el reto que estamos viviendo representa. Esta idea puede generar
incredulidad porque no creemos que ante la adversidad seamos capaces de imaginar que las
cosas pueden ser diferentes y mejores. Pero precisamente es en la adversidad donde
descubrimos nuestros mejores talentos. Si dedicamos tiempo de calidad a reflexionar que se
están creando nuevas maneras de aprender, convivir, compartir, crear y vivir; y así nos
reinventamos, este capítulo de nuestras vidas no pasará como una hoja en blanco.
Es una cuestión de enfoque: la vida es un proyecto, es un camino y en el trayecto nos
damos cuenta de que hay metas a las que ya llegamos, algunas que dejaron de ser
importantes o incluso llegarán nuevas jamás imaginadas, pero solo si se tiene la voluntad de
reinventarse.
No tengamos miedo de enfrentar riesgos, éstos generan conflictos y con ellos crecemos
y descubrimos nuevos mundos y nuevas posibilidades. Son los conflictos los que nos
permiten probarnos y fortalecernos.

El segundo antídoto para combatir el miedo es vivir el presente. La generación que nos
tocó impulsó cambios sin precedentes que han provocado una nueva enfermedad: el estrés
que nos produce el gran dilema actual de la humanidad: ¿buscar el éxito o la felicidad? En
el mundo en que vivimos se privilegia el éxito por sobre todas las cosas, que está asociado
con tener lo que deseas. O dicho de otra forma, buscar lo que no eres, pero al buscar lo que
no somos, casi siempre dejamos de ser felices.
Esa búsqueda nos aleja de vivir el ahora; porque le damos importancia a pensamientos
de preocupación, impotencia y enojo, que nos invaden con energía negativa. Cambiar la
manera de pensar, sentir o vivir es posible, y aunque no es fácil, podemos aprender a
decidir sobre los pensamientos que queremos tener. Si nos esforzamos conscientemente por
crear pensamientos de agradecimiento, empatía y colaboración, haremos de esta crisis una
gran oportunidad. Ese es el poder de la energía positiva.

No olvidemos que las cosas más valiosas no se compran con dinero. Su valor no radica
en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos
inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.

La felicidad está en disfrutar lo que se tiene o dicho de otra manera: aceptarnos tal cómo
somos. Y nunca en intentar ser una versión para complacer a otros, porque ésta es la mejor
fórmula para tener una vida sin un propósito significativo. La vida no es perfecta, está llena
de situaciones difíciles, pero todos tenemos libertad para elegir cómo reaccionar ante los
eventos que vivimos. Por ello, lo importante no es lo que nos sucede, sino nuestra actitud
ante lo que nos sucede.
Somos más grandes que la incertidumbre y que el miedo, porque la grandeza radica en
los talentos y dones, en el espíritu y el corazón. Hagamos que el distanciamiento físico se
traduzca en acercamiento social, que nos permita construir un futuro más humano, en
donde el principal objetivo de todos sea florecer como personas.

Por último, recordemos que lo único que podemos elegir es con qué tipo de energía
manejamos los obstáculos: en forma constructiva, con energía positiva, viviendo en el
presente y abiertos a reinventarnos; o en forma destructiva, con energía negativa. La
felicidad está más cerca que nunca, de hecho, a dos pasos. No desperdiciemos esta gran
oportunidad.

Respuesta de Dayal a Salvador Avila

Estimando Salvador Alva,

Un querido amigo me pasó una publicación de Milenio, titulada: “Dos pasos para
encontrar la felicidad”. Para mí su nombre no me era familiar, pero leí con mucho interés el
artículo y lo encontré totalmente en línea con lo que continuamente digo en mis entrevistas,
podcast, y talleres.
Al final de la lectura mi ojo cayó sobre el renglón que especificaba quien es Salvador
Alva: el Presidente del Tecnológico de Monterrey. Esto me hizo apreciar el doble lo que
acababa de leer, y no porque yo sea alguien que se deje impresionar por los títulos, sino porque
ha sido una muy grata sorpresa darme cuenta de que esas bellas palabras, que hablan de amor,
energía positiva, relaciones personales… vinieran del presidente de una universidad que lleva
en el nombre la definición de: “Tecnológico”.
Leer la frase “La generación que nos tocó impulsó cambios sin precedentes que han
provocado una nueva enfermedad: el estrés que nos produce el gran dilema actual de la
humanidad: ¿buscar el éxito o la felicidad?”, es hermosa; pero, ver estas palabras salir de su
pluma (o mejor decir, de su teclado) me hizo brincar de la silla.
El autor de estas hermosas palabras no es un New Age freak, o la curandera del pueblo,
sino el máximo representante de la institución mas reconocida en México, en términos de
preparación de los estudiantes, en función del manejo de las energías productivas de la
sociedad. Es el que, no solo marca la distinción entre “éxito” y “felicidad”, si no que pone
estas dos dimensiones como posibles e inconciliables antagonistas.

Cuando algo similar lo dice un gurú de la Nueva Era, o un outsider como yo, no pasa casi
nada, son palabras que se vuelven notas a pie de página de la historia; pero cuando vienen
desde el “Presidente del Tecnológico de Monterrey”, asumen un valor totalmente distinto.
Permíteme citarte, porque una cosa es escribir, y otra es leerse: “No olvidemos que las
cosas más valiosas no se compran con dinero. Su valor no radica en el tiempo que duran, sino
en la intensidad con que suceden”. Esto no es el presidente de una institución el que habla, es
un místico. Y mas: “La felicidad está en disfrutar lo que se tiene o, dicho de otra manera:
aceptarnos tal cómo somos”. Por favor, doctor Alva, primero, permíteme de llamarte Salvador
y pasar al tú, segundo, vamos a tomarnos una cerveza… o al menos un café.
Compartimos seguramente la misma poesía por la vida y ¡quien sabe!, probablemente
reímos y nos conmovimos por las mismas cosas. Al final basta escarbar un poquito en la
profundidad del alma de todos los seres humanos para encontrar los mismos anhelos y la
misma sensibilidad.

Por mucho tiempo, hace mucho tiempo, me he agobiado, arrancándome los pelos (que
en aquel tiempo eran muchos y rojos) porque, a pesar de querer crear un mundo de paz, amor,
consciencia y armonía, no lograba ni siquiera crearlo en mi vida personal. Todo lo que
encontraba dentro de mí mismo era conflicto, resentimiento, obscuridad, caos… Entendía que,
a pesar de mis buenos propósitos, había algo dentro de mi que narcotizaba mi inteligencia y me
hacía comportar, en sustancia, como uno de los tantos hombres que criticaba. La única
diferencia es que yo llevaba el pelo largo y jeans, mientras ellos usaban saco y corbata.
En unos de los raros momentos de pausa entre un estado de narcolepsia de la consciencia
y el otro, me di cuenta de que necesitaba un método. Necesitaba una desintoxicación desde mis
patrones mentales, mis prejuicios, mis ideas dadas por sentadas, mi inconfesables deseos e
indecorosos miedos.

Dejé todo, como se lee a veces en las vidas de los místicos; dejé mis seguridades
aparentes, renuncié al respeto de la familia e incluso a la complicidad de algunos amigos, y me
puse a la búsqueda de no saber ni siquiera que. Fui afortunado, y después un buen rato
encontré algo, y desde ese momento en adelante me he dedicado a enseñarlo.
Te cuento todo esto Salvador, primero para que sepas que hay alguien que te entiende y
comprarte tu pensamiento y tu anhelo, segundo, porque gente como nosotros tendría que, al
menos de vez en cuando, tomarse una cerveza o un café juntos.

Como dices tu en tu hermoso artículo, es un momento muy particular y crítico. Sin
embargo, al mismo tiempo, como en todos los momentos de crisis, se abre para la humanidad
una ventana de oportunidad. Hombres y mujeres como tú y yo, se tendrían que comunicar,
juntarse, hacer algo para inspirar e impulsar la evolución de la consciencia humana un poco
más adelante. No lo considero una responsabilidad, pero sí una hermosa oportunidad para que,
como tú dices, existan para nosotros “momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas
incomparables”.

Termino citándote, Salvador: “La felicidad está más cerca que nunca, de hecho, a dos
pasos. No desperdiciemos esta gran oportunidad”.
Me despediré de ti como hago con todos los amigos.
Un abrazo, Salvador, hasta pronto.

Prem Dayal